Monday, May 29, 2006

El viernes pasado acudí a buscar a mi hija al colegio por última vez.

Han sido nueve años, nueve, de recogerla del colegio, todos los días, a las cinco de la tarde. Pero el viernes terminó el horario de tardes, y el curso que viene ya irá al instituto, en horario de mañanas. El viernes pasado fue la última vez.

Las cinco de la tarde ha sido para mí, en estos últimos años, la mejor hora del día. ¡Cómo explicarlo . . . ! Mi hija era la única que salía del colegio sonriendo. La única que buscaba con la mirada a la persona que le estaba esperando. La única que corría a abrazar a esa persona como si hiciera siglos que no la veía. Todos los días el mismo ritual, a las cinco de la tarde.

El viernes pasado fue la última vez. Y cómo han pasado todos estos años . . . tan deprisa. Es cierto eso que dicen que los años pasan cada vez más deprisa a medida que vas envejeciendo. Yo tengo la impresión de que casi fue ayer cuando la llevé por primera vez al colegio, cuando salía de clase con el "baby" manchado de pinturas "de dedo" . . . y han sido nueve años, nueve años, y yo soy el mismo, claro, por eso parece que no haya pasado tanto tiempo, porque yo soy "casi" el mismo que era, pero ella no.

Los dos sabíamos que el viernes pasado era el último día. Ella, contenta, porque tiene ganas de hacerse mayor y de ir al instituto. Yo, hecho una magdalena por dentro.

Hubo despedidas entre los habituales a recoger a los niños, y que ya no nos volveremos a ver. Madres, sobre todo, muy rara vez se ve a algún padre. En estos nueve años las he visto de todas las maneras: casadas, separadas y vueltas a "arrejuntar" con un nuevo novio, embarazadas, envejecidas y ¡también "operadas"!, engordadas algunas, otras que no paras de preguntarte qué dieta milagrosa habrán hecho para perder tantos kilos . . . en todos estos años no he ligado con ninguna. Supongo que me ven como un bicho raro, el único padre que va a recoger a sus hijos. Quizás un hombre con un bocadillo de "jamón de york" envuelto en papel de alumnio no sea la imagen más seductora del mundo . . . claro que ellas tampoco es que vengan muy arregladas. En fin . . . otra etapa de mi vida que termina.

Estoy seguro de que nunca, en el resto de mi vida, podré dejar de pensar en mis hijos, a las cinco de la tarde.

9 Comments:

Anonymous ana said...

La verdad es que es fantástico ver cómo te buscan con los ojos y se les ilumina la cara cuando te ven. Ahora ni se te ocurra ir a buscarla al insti, o perderá toda su reputación!
Eres padre de dos adultos ya!! Así que al insti...y cómo dices que se llama la interfecta??
Un beso, y felicidades. Mi hija tiene nueve años y desde hace uno no quiere verme por allí. Sólo recojo a la pequeña, y si nos encontramos con la mayor nos saludamos cordialmente. Más viejaaaa
Y ponte un babero, Nicolás, que mira qué charco estás montando estos días :P

5:00 AM  
Blogger GLAUKA said...

La verdad es que tiene que ser un momento tan particular ... recuerdo a mi padre cuando yo estaba en el papel que representa ahora tu hija, lo mal que lo pasó en los momentos varios en que la niña deja de serlo y reclama su propio espacio y comprendo que tiene que ser duro.
Pero espero que lo lleves con más elegancia que lo llevó por aquel entonces mi padre, la verdad, por el bien de tu hija, y por el tuyo propio ;).

8:27 AM  
Blogger Fernando said...

Ya somos dos bichos raros, Detrásdelreflejo. Sólo que yo estoy empezando. Me quedan todos esos años por delante.
Por cierto, no creo que carezca de atractivo para una mujer de las de verdad un hombre esperando a su hija con el albal u otros gadgets infantiles en la mano, comparado con la banda de gañanes que puebla nuestro género.
¿Me equivoco, mesdames?
Saludos.

11:20 PM  
Blogger Duelos y Quebrantos said...

Me suena cierta película de George Clooney y Michelle Pfeiffer en la que ella babeaba a gusto viéndole a él cuidar de su hija (¿o era hijo? yo también estaba babeando y no me acuerdo).

12:20 AM  
Anonymous Anonymous said...

Lo que me ha costado encontrarte. Intuía que no podías haber desaparecido para siempre. Me gusta que vuelvas. Me gusta leerte.
Encarna

5:03 AM  
Blogger Princesa del Guisante said...

las cinco de la tarde termina siendo hora de Llanto...
Es verdad, puede que lo del bocadillo envuelto en aluminio no sea la imagen más seductora del mundo, pero la de un padre ocupado con sus hijos tiene su aquél.

6:21 AM  
Anonymous Gatopardo said...

Tu hija se encontrará siempre con un reducto de dicha cuando piense en ti, esperándola durante nueve años, a las cinco. Y lo rememorará cuando la vida la entristezca y cuando la vida le dé un abrazo.
Es un texto lleno de sabiduría, aunque creas que sólo has puesto nostalgia.
Un abrazo

4:18 AM  
Blogger India said...

Llego tarde, este post ya debe ser historia, y yo, como nueva, voy puenteando links y me voy poniendo al día, pero tenía que entrar para decirte que aparte de lo que me parezca a mi de "emocionante" o no, ver un padre con albal y mochilas, que eso importa bien poco, me emociona más saber que algo tan rutinario y tan diario como la recogida del colegio, lo has llevado al rincón de las cosas verdaderamente importantes, te lo digo como hija y como madre.
Me he emocionado:lagrimillas que afloran pero por suerte no salen y una sonrisilla bobalicona delante del monitor....un beso!

6:12 AM  
Blogger Viuda de Tantamount said...

No dejaras de pensar en ellos...ni a las cinco de la tarde, ni a las veinticinco...

Pero te gratifican con el brillo en la mirada veinticincomil veces más...hasta que sólo, eres capaz de ver el mundo con sus ojos.

Mi hijo, es lo único que legitima este mundo de locos.

Ah...yo tampoco ligo.
Ni ganas...Me gusta que el espacio de mi hijo, sea solo suyo, en identica medida que el suyo, es sólo mio.

3:05 AM  

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